martes, 21 de octubre de 2008

ACCIONES BÉLICAS

No me considero un héroe, para eso están otros a los que les gusta colgar medallas en sus remangados pantalones y que enseñan gemelos a modo de trofeos.

Ésta es una historia de grupo, que sólo entenderán unos pocos, pero que merece ser contada para no quedar tan sólo en la memoria de los que la vivieron, y no digo en la retina porque en esa situación poco importa el sentido visual.

Corría el año 1997, y en la campaña bélica nuestros generales no habían previsto bien ni el aprovisionamiento de las tropas ni el refresco de las mismas, creo que debido a la situación transitoria de poder existente en el estado. Tropas mal entrenadas y con pocos veteranos, eso sí, todos contentos de ir a la lucha ese jueves primaveral. Uniformados de negro y blanco como pocas veces, con el fajín de gala y los cascos que empezaban a ser de colores, excepto el de los veteranos anónimos que tan sólo lo lucían de blanco o negro.

La batalla empezó a fraguarse tácticamente a las 12:30 hora zulú. En la cantina y con el uniforme de paseo nos deseábamos suerte como es tradición para más tarde despedirnos de la familia y ponernos el traje de campaña. A las 16:30 horas nos fue entregada la misión, una pequeña porción de papel plastificada para evitar que con la sudoración del fragor de la lucha se deteriorase impidiendo la visión del objetivo marcado.

Y comenzaron las hostilidades, al principio, y como en todas las contiendas la tropa las acogió con alegría, bromeábamos bajo el fuego enemigo con los comentarios y acciones del Sr. Leroy Johnson, Cabo 1º de nuestro batallón. Entre risas avanzábamos bien hasta el objetivo.

Los problemas empezaron en la senda de la serpiente, donde el enemigo bombardeó ambos flancos de nuestra formación, y continuaron castigándonos por toda la explanada mesetaria de San Francisco, lugar en el que fuimos relevados en la avanzadilla de reconocimiento por tropas de refresco. Conociendo la potencia del enemigo nos echamos las manos a la cabeza al ver la inexperiencia de las tropas que nos relevaron, y la actitud soberbia de sus componentes. Que atrevida llega a ser la ignorancia. Me quité el casco y deseé suerte a uno de los pocos soldados de primer año que me caía bien, el soldado Morrillo. El avituallamiento duró poco, conscientes de que estaríamos en el frente en breve comimos y bebimos poco. Nuestra próxima incorporación a la batalla era en el vértice de la tundra canónica y hacía allí nos dirigimos, El Sr. Leroy, los Sargentos Sutherland y Clooney y como no, yo con ellos.

Al llegar al punto X el deterioro de las tropas era aterrador, bajas por inexperiencia causadas en el bosque columnario que debido a su planicie había sido plagado de minas.
Así debió de ser el panorama escuchado por los presentes cuando comenzaron a sufrir:

Allí se decidiría la contienda, en la ascensión al cerro del Cod, también conocido como Salty Fish. La única forma de subir era por una estrecha senda. Empezamos la ascensión a ritmo lento, aguantando el continuo bombardeo que sufríamos, a los pocos metros mi referencia delantera fue herida, el Sr. Leroy se encargó de mantener en esa línea al enemigo a raya, por detrás nos defendíamos como podíamos, conscientes de que un corte en la formación nos llevaría a la derrota, detrás mía, el Sargento Sutherland se hacía con el flanco derecho y en el izquierdo el Sargento Clooney y sus hombres hacían lo propio. Avanzábamos ahora de forma renovada, con vigor, incluso luciéndonos. Fue entonces cuando me percaté que a mi lado avanzaba el soldado Morrillo, lo vi temblar y reírse al mismo tiempo, 20 metros para llegar al objetivo, más temblaba, 10 metros seguía temblando pero avanzaba con nosotros. Nos arengábamos, nos dábamos ánimos, llegamos arriba, y ahora lo más difícil, conseguir hacer que el enemigo girase en torno a nuestro flanco izquierdo sin que se descompusiera el ataque, y Morrillo seguía temblando y riendo. No quise hablarle, supongo que la risa en momentos de nervios es una reacción incontrolable, hasta que al fin lo conseguimos, plantamos la bandera en la cima del cerro entre vítores y aplausos. Tras conquistar el cerro todos sabíamos que el resto de la jornada sería tan sólo avanzar hasta llegar al campamento, sin hostilidades supremas. Morrillo y yo nos abrazamos, como todos los que compartimos aquellos malos momentos, que ya hoy en el recuerdo son buenos. En ese momento no pude más que preguntarle la razón de su sonrisa mientras avanzábamos, y su respuesta fue algo parecido a esto:

http://es.youtube.com/watch?v=rAh9UxHkPnE&feature=related

Desde entonces siempre viene con nosotros y, aunque también tiene escaramuzas en las que no podemos ayudarnos cierto es que fue allí donde aprendió que determinadas cosas hay que tomarlas con calma, aceptando el sufrimiento sin desfallecer, ya que con el trabajo en equipo de personas que comparten esta filosofía de lucha es muy difícil perder una contienda.

Pd: A mi Amigo Nefer.

martes, 30 de septiembre de 2008

ELLA Y EL OSCURO PASAJERO.

La conocí siendo aún muy joven, aunque no le presté atención hasta más tarde. Jugueteé con ella en un principio y después sucumbí a sus encantos, no pudiéndome resistir a ninguno de ellos.

Sabía que me hacía daño, mucho daño, pero continué siempre con nuestra nociva relación, hasta que un día me planté y conseguí abandonarla.

Fui feliz durante un tiempo, pero añoraba el tiempo pasado junto a ella, cada minuto, cada segundo. Era en esas ocasiones cuando aparecía mi otro yo, el que tiene necesidades inconfesables. Él tiene esa necesidad, y yo lo sufro dentro de mi, como miles de voces escondidas susurrándote “así es la vida”. Y luchas contra la presión, una creciente necesidad que te engulle como una ola, pinchando, provocando y obligándote a alimentarla. Pero los susurros aumentan hasta convertirse en gritos, y son la única voz que oyes. La única voz que quieres oír. Y estás a merced de ella, de esa sombra de ti mismo, de ese…oscuro otro yo que te empuja a ella. El oscuro pasajero.

Me llamo J.A.S. y no estoy seguro de lo que soy cuando estoy sin ella. Se que hay algo…oscuro dentro de mi, y lo escondo. Nunca hablo de ello, pero está ahí, siempre. Es un oscuro pasajero que me empuja a ella, y cuando él toma el control me siento vivo. Harto de la emoción del que hace algo que no está bien, y no me opongo, no quiero hacerlo. Es lo único que tengo. Nada más podría amarme, ni si quiera…ni si quiera yo mismo.

¿O es sólo una mentira que me cuenta el personaje oscuro? Porque últimamente hay momentos en los que siento…conexión con algo más, con alguien, como si la máscara se esfumase, y las cosas, y las personas que nunca me habían importado empezaran a importarme cuando estoy sin ella y sin mi pasajero.

Todo esto me da mucho miedo.

Me molesta la gente que dice que en ningún caso lograría entender lo que ellas han vivido, pero ningún ser vivo podría soportar mi verdad. Ella siempre sospechó que escondía algo, ahora lo sabe. Sabe que quiero abandonarla para siempre.

Creo que mi diablo ha bailado con su demonio y la canción del violinista está lejos de acabar, pero en algún momento ha de empezar a apagarse. A veces me imagino que ocurriría si destapara todo lo que tengo dentro y la rechazo, espero saberlo, mientras tanto vivo escondiéndome cuando estoy con ella. Mi supervivencia depende de ello.

Si los ojos son el espejo desalma, el dolor debe ser la puerta hacía ella, y mientras esté cerrada es la barrera entre el saber y el no saber. Si te alejas de ella seguirá cerrada para siempre, y si la abres y la atraviesas el dolor se volverá una realidad.

Y ahora he de luchar por mi propia supervivencia y abandonarla, algo que siempre supe que llegaría. Llevo toda la vida preparándome para esto. Cuando todo se acabe espero haberla olvidado para siempre.

Pd: Tranquilizaos, estoy hablando de mi adicción a la nicotina. ¿Verdad que pensabais que me había vuelto un Psicópata?

viernes, 19 de septiembre de 2008

ADIÓS CANIJA ADIÓS.

No recuerdo el momento exacto en el que nos hicimos amigos. Al principio sólo fuimos compañeros de trabajo, pero supongo que fue el destino el que nos unió a forjar una amistad que se nutre de esos pequeños detalles cotidianos a los que no prestamos ninguna importancia, hasta hoy que se que la tendré lejos un largo periodo de tiempo.

Supongo que fue la educación, sí, eso fue seguro, la educación, lo que empezó a unirnos, el usar el “por favor”, el “te importa si…” y el sin fin de modismos que una persona educada emplea con otra a la que reconoce su igual. Sí, sin duda, en el mundo en el que nos movemos ambos esas cosas importan, y seguro que fue eso lo primero que me llamó la atención de ella y lo que la hizo merecedora de que formara parte de mi selecto grupo de personas a tener en cuenta.

Más tarde, al avanzar el tiempo y debido a nuestra sed económica y a la irracionalidad de nuestros turnos laborales, empezamos a pasar demasiadas horas juntos, y así fue como nos contamos nuestros avatares y periplos de los años de nuestra existencia, a la par que a descubrir nuestras personalidades. Yo no puedo decir lo que ella opina de mi, aunque denoto que el cariño es recíproco debido a sus continuas demostraciones cotidianas, a esos detalles de los que hablaba antes, pero si puedo decir lo que percibo de ella.

No es rubia, aunque nadie se atrevería a decir lo contrario, y quien lo diga que lo demuestre, y entre sus virtudes no están ni la paciencia ni la contención, lo que siente lo dice, y aunque a veces su prudencia se lo impide, casi siempre dice lo que piensa y en el momento en que lo piensa, circunstancia que le hace por otra parte, estar metida en todos los fregados. Pero yo la quiero así, vivaz, despierta, alerta siempre.

Fiel amiga de sus amigos, y aunque no es fácil ostentar verdaderamente dicho título, aquel que lo posee se sabe ciertamente propietario de un valor ilimitado, que lo dota de fuerza y coraje para saberse siempre respaldado de una defensa sin límite. Sí, porque a ella le gusta defender a sus amigos, y aunque inconscientemente sepa que se está metiendo en un nuevo fregado, siempre sabe que por sus amigos merece la pena meterse y mantener un nuevo frente abierto.

Divertida, inteligente, letal cuando se trata de reñir sobre todo a los que estamos más cerca de ella, valiente en sus decisiones aunque en ésta de marcharse temporalmente de su ciudad esté demostrando un poquito de pánico, previsora hasta lo impredecible. Guapa, fotogenicamente perfecta aunque no sepa poner morritos, ella es Reyes. La Canija.

Yo, por mi parte me siento colmado con la amistad que me da y que me demuestra, por esas uñas sacadas al más mínimo comentario en mi contra, por esos cafés e incontables helados compartidos a horas inimaginables y por ese sin fin de pequeños detalles que la hacen única, irrepetible, irrenunciable.

Huelga decirle que tenga cuidado en su nuevo destino, que mantenga el contacto, que lo hará, que no nos olvide, que no lo hará y que disfrute, porque para eso están los lapsos temporales que Dios concede a la rutina de la vida, para disfrutar y hacernos disfrutar al resto cuando nos relate sus nuevas aventuras.

Adiós mi otra rubia, mi amiga, mi defensora, mi otra hermana pequeña, mi canija.



viernes, 12 de septiembre de 2008

LA MUJER QUE YO SUEÑO.

La mujer que yo sueño nació en las praderas rojas del mar de mis destierros. Vivió encerrada en su olvido, feliz como todos y sin ser consciente en su infancia, de cómo las gastaba éste sucio mundo. Y en su ignorancia crecía, jugando con sus hermanos y primos, con sus muñecas y su elástico.

La mujer que yo sueño fue dejando atrás su infancia, y se fue dando cuenta que sus padres no se amaban igual todos los días, pero que al fin y al cabo se amaban.

La mujer que yo sueño se enamoró de un muchacho de su pandilla, del que aún guarda buenos recuerdos. Creyó que ese era el amor de su vida, hasta que la misma vida rompió los ideales sueños de la adolescencia y los fue transformando en rutina.

La mujer que yo sueño probó el elixir del carmín en sus labios, descubrió los secretos de la imagen y la imbecilidad de los hombres al descubrirla, y se hizo fuerte en su posición de reina. Jugueteó con unos y otros, ganó y perdió en amores, pero aprendió de todos, creando con ello la primera criba, la primera lista de prioridades mientras seguía añorando infantiles épocas de muñecas y elásticos.

La mujer que yo sueño se creyó dueña de su destino, sin saber que es el destino el amo y señor de todos los sueños, y cayó, y resucitó cual mitológico Fenix, aliándose con Las Parcas para no volver en los errores de antaño.

La mujer que yo sueño aprendió a dar amor, y a recibirlo sin exigir nada a cambio, empezó a ser la persona que ella soñaba, empezó a conseguir sus objetivos, y aunque de vez en cuando pide ayuda para su alma, se sabe tan fuerte que considera que ya nada la hará flaquear, pues su coraza de los bagajes le impide volver a cometer errores pasados.

La mujer que yo sueño me permitió que la amase, y yo, mongolo de la vida o del destino no quise o no supe dar todo lo que debiera. En ese momento, en el de amarla, dejó de ser la mujer de mis sueños para convertirse en la mujer del presente, más al desaparecer posteriormente se convirtió en la mujer añorada.

La mujer de mis sueños ya no existe físicamente, es el cúmulo de todas las buenas cualidades de las mujeres de mi vida, y realmente no quiero que exista, pero la añoro tanto…


lunes, 1 de septiembre de 2008

INTENTARÉ...

Dios mío!! Tres de Septiembre ya!!

El verano toca a su fin, la gente ha vuelto de sus vacaciones, algunos más pelados de lo que se fueron y a otros nos ha tocado quedarnos aquí y seguimos igual de pelados.

Ésta fecha, de pequeño, es en realidad la que marca el inicio del año, o de ciclo, como lo prefiráis. Se llegaba morenito de la playa o de las piscinas, se preparaban los exámenes de septiembre, se volvían a ver a los amigos de los que nos separamos al marchar de vacaciones, entendiendo tales como un ideal, como un pequeño paréntesis que en su intervalo nos dejó tantos sueños e ilusiones que jamás se materializaban, y que desaparecían mucho antes de llegar el día quince.

Nos contábamos las aventuras que habíamos tenido en tal o en cual sitio. Añorábamos situaciones por primera vez, y sufríamos por esa añoranza de forma pasajera.

Al pasar los años aún me queda un poco de aquella sensación, de cambio de ciclo, pues es en éstas fechas, al igual que en año nuevo, cuando me marco los buenos propósitos a cumplir en el año. Es por ello que ésta entrada pretende contener una declaración de intenciones, que de seguro para el día quince de octubre ya se me habrán olvidado, pero que al ser plasmadas por escrito, quizás logren persuadir a mi conciencia, bastante permisiva con todos y en especial conmigo mismo, de mantenerlas y cumplirlas.

No me exijo grandes metas, he fracasado tantas veces en tantas cosas, que se positivamente que en la vida es mejor afianzar tus pasos y posiciones que subir y esperar el batacazo posterior, constantes máximas en mi devenir diario, por ello, en principio, intentaré mantenerme en mis múltiples obligaciones sin pensar que de alguna de ellas me causará el temible hastío que desemboca en la pereza, y si puedo, y veo la ocasión, mejorar en algunas, tales como el tacto a la hora de hablarle a las personas que me rodean, pagar mis mosqueos y mis ataques de ira sólo conmigo y no agobiar a nadie con ellos o demostrar mi afecto, el verdadero, a las personas que debo demostrárselo.

Intentaré también ser justo en mis decisiones, dar a cada uno lo suyo, siendo menos egoísta a la hora de adoptarlas y pensando siempre en el perjuicio que pueda llegar a causarle a los demás. Denunciaré las injusticias que vea a mi alrededor, poniendo especial inca píe en la protección de los débiles.

Intentaré perdonar a aquellos que me hicieron daño o que intentaron causármelo, voluntaria o imprudentemente, atendiendo a las agravantes y a las atenuantes que dimanen de cada caso. Tarea ésta harto difícil no sólo para mí, creo que en general para todo el mundo, pero supongo que el tiempo y la buena voluntad todo lo curan. Bueno, todo no, pero casi. Confiaré en que la fe obre milagros, pues otra no me queda.

Intentaré que no me ciegue la codicia. No es más rico el que más tiene, lo es el que menos necesita y el que más amigos tiene, pero de los de verdad, ya que si de tan sólo uno de ellos se deriva un tesoro, ¿Que no se derivará de unos cuantos de los buenos?

Intentaré ser más feliz y no dejar que esa responsabilidad recaiga sobre otros. A su vez, intentaré hacer más feliz a los demás. Si es cierto que quien siembra viento recoge tempestades intentaré plantar semillas de ambrosía y néctar y repartirlas cuando crezcan y maduren entre mis semejantes sin esperar nada a cambio.

Intentaré hacer tantas cosas que algunas se me van a quedar en el tintero, pero que creo que puedo resumirlas en la premisa de "ser buena persona", entendiendo como tal la definición que da el profesor Paul Kurtz, que desglosa el enfoque en dos grandes grupos, denominado al primero como el de "Las Decencias Morales", que englobarían la integridad personal, el ser digno de confianza, la buena voluntad y el sentido de la justicia, y que forman la base de la convivencia en las sociedades; y el de las "Excelencias Éticas", el segundo grupo, que vienen a conformar una vida plena y rica para el sujeto, y que estaría compuesto por la autonomía, la inteligencia, la autodisciplina, el autorrespeto, la creatividad, la alta motivación, la actitud afirmativa, la alegría de vivir y la buena salud(entendida como hacer una vida sana en su justa medida).

Pues lo dicho, espero que algunos os suméis a la iniciativa, aunque sólo nos dure hasta el quince de octubre, y que entre todos creemos un mundo mejor aunque sólo sea por ese breve espacio de mes y medio mal contado.

Pd: Intentaré pedir más veces "perdón" cuando sea necesario, y que no me cueste tanto decir "Te Quiero"

lunes, 25 de agosto de 2008

VIAJE A LA NOSTALGIA.

He tardado un poco en volver a crear una nueva entrada, lo se, y por ello pido disculpas a mis habituales lectores. Las razones son varias. Una es la pereza que produce sentarse en la época estival ante las teclas del ordenador, otra los numerosos compromisos sociales que me impiden tener un rato de paz para poder ordenar mis ideas y darles la forma adecuada de una entrada digna, por todo ello pido perdón a los que demandan algo más de su lectura habitual y les doy las gracias a su vez por seguir mis pequeñas historias.

El caso es que entre muchos de los compromisos a los que he tenido que acudir en ésta pasada semana, hubo uno que me gratificó enormemente. Tuve que marchar a la sierra norte de Sevilla, al pueblo de mi padre, La Puebla de Los Infantes. Muchos no sabrán donde se encuentra, y poco importa para lo que os quiero contar, añadir que no es más que un municipio de sierra, como tantos otros de la provincia, con su particular encanto de conservar aún tradiciones milenarias como la recogida de la siembra o el vareo de los olivos. Poco llama la atención al forastero, como dicen allí a los que no habitan en el municipio desde hace más de dos generaciones, pues como yo, son muchos los que acuden sólo a la feria del 15 de Agosto, cuando procesiona la Virgen de Las Huertas, que como toda imagen mariana de pueblo tiene una bonita leyenda ideada probablemente por el párroco de turno para atraer feligreses.

En definitiva, la población en esos días aumenta considerablemente, pasando de los 1200 habitantes censados a los 5000 familiares que vamos a visitar a nuestros parientes, creando pues una microciudad cosmopolita, enriquecida por todos los que regresan periódicamente tras el gran éxodo migratorio de los años sesenta. Es enriquecedor encontrar a viejos amigos con los que acostumbraba a pasar los tres meses de verano y saber de sus vidas, volver a ver a la familia, a la que escasamente ves tres veces al año, pero que seguimos conservando ese sentido de clan alrededor de la indivisa propiedad que dejaron en herencia mis bisabuelos.

Dentro de esa propiedad, cada estirpe del clan tenemos un espacio del que se encargan las mujeres de la casa, no es que yo sea machista ni nada por el estilo, es que las costumbres no se cambian de la noche al día y la sociedad rural se mantiene atada al sistema matriarcal que crearon nuestros ancestros. Pues bien, dentro de este espacio, sin fronteras familiares acotadas, todo sea dicho de paso, tengo mi pequeño cuarto, y digo cuarto ya que no lo considero mi habitación, pero sí llegué a considerarla así antaño, en el pasado, en el momento de vivir aquello de las primeras cervecitas a escondidas, los primeros cigarrillos, las multitudinarias pandillas compuestas por infinidad de miembros de distintas provincias, incluso de distintas nacionalidades, los primeros amores (no los grandes, que eso los tengo reservados en otra parcela de mi vida y para mi particular niña de los ojos verdes), pero sí los primeros, que al ser tales conservan esa idea de frescura e inocencia propias de la edad. Mis deberes de matemáticas, que siempre fueron para mi asignatura pendiente del verano y que tras aprender las cuatro reglar básicas se convirtieron más tarde en una de mis asignaturas favoritas, los de química, que nunca llegué a aprender del todo, y todo ello a la hora de la siesta, y todo ello en mi cuarto, en el que entra la luz desde la ancestral persiana de madera con polea circular accionada por una cuerda.

Quedaba allí, aún, mi primer radio cassette, y ese día, ya sin deberes y con la mera intención de dormir la siesta accioné el botón de encendido. Como un misterio escondido que se encontrara esperándome empezó a sonar una canción que me dejó extasiado, comienza así, y como sigo siendo torpe en labores informáticas os dejo el enlace para que disfrutéis de ella, seguro que todos tenéis un lugar así.
" Donde nos llevó la imaginación... ".

viernes, 15 de agosto de 2008

Amores Imposibles.

Vagueando por las ondas radiofónicas escuché no hace mucho una historia que por simple me cautivó. No se si seré capaz de reproducirla fielmente debido a mi memoria de pez, lo que sí se y querría es haceros partícipes de éste bello relato, que como digo, vino a mi oído en una calurosa y no menos bella noche de agosto.

Cuenta la leyenda, que el Sol y la Luna cayeron prendados uno del otro la primera vez que se vieron, a partir de entonces iniciaron una relación nada convencional, llena de amor, pasión y ternura. El mundo, por aquel entonces, aún no existía, pero el día en que Dios decidió crearlo, doto a los dos amantes de su particular brillo, otorgándole al Sol la Luz del día y a la Luna la de la noche, condenándolos por tanto y para siempre a vivir separados.

La Luna, a pesar del brillo otorgado fue apagándose poco a poco, debido a la tristeza de sentirse apartada de su ser amado, en cambio el Sol fue fortaleciendo su título, llegando a ser llamado “El Astro Rey”, pero el título no lo hacía feliz, haciendo sentir sobre el mundo sus enfados y berrinches involuntarios y no sabiendo modular su calor debido a sus ataques nostálgicos, provocando así los desiertos y las zonas áridas que aún quedan en nuestro planeta.

El Creador disgustado por la situación los llamó a los dos al orden, y en audiencia privada les habló de la siguiente manera:

- Tú, Luna, iluminarás las noches frías y calientes del planeta, serás objeto del elogio de los poetas y proyectarás tú luz sobre los amantes, encandilando a los enamorados y consolando a los que sufren el desamor. En cuanto a ti Sol, iluminarás los días, darás calor al ser humano y lo harás así más feliz, serás por tanto el más importante de los astros. Marchad y cumplid con vuestro destino.

La Luna más triste se puso con ese cruel destino y lloró amargamente, el Sol al verla tan triste, decidió que no podría ser débil, ya que debía darle fuerzas y ayudarla a aceptar lo que Dios había decidido, pero preocupado por la tristeza de la Luna marchó a hablar con el que todo lo puede, rogándole de ésta manera:

- Señor, ayuda a la Luna, es más débil y frágil que yo, y no soporta la soledad de su destino.

El Señor, comprendiendo su involuntario error por haber separado irremediablemente a los amantes creo las estrellas del firmamento para hacerle compañía a la bella Luna, y la Luna recurre a ellas cuando está muy triste, pero a pesar de que ellas hacen todo lo posible por complacerla, hay veces en que no logran levantar el ánimo de la dulce Luna.

Hasta la fecha, ambos viven así, separados. El Sol fingiendo que es feliz en su posición de “Astro Rey”, pues no puede permitirse debilidades, y la Luna sin poder disimular su tristeza. El Sol vive ardiendo de pasión por ella, y la Luna vive en las tinieblas de su pena.

Algunas fuentes dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de ser siempre llena y luminosa, pero no lo logró… porque es mujer y una mujer tiene sus fases, que por lo general son de 28 días. Cuando es feliz, consigue ser llena, pero cuando es infeliz es menguante, ni siquiera es posible apreciar su brillo. Luna y Sol siguen así su camino, él solitario pero fuerte y ella acompañada de la estrellas pero débil.

Es de esa debilidad de la que se intentan aprovechar los hombres, que intentan conquistarla (como si eso fuera posible). Algunos incluso han llegado a ir hasta ella, con halagos y presentes, pero siempre volvieron solos, nadie consiguió atraerla, quizás porque aún no ha olvidado al Sol, o quizás porque aún, aunque distantes, alguna que otra vez logran verse a escondidas.

Cuentan que Dios, decidió que ningún amor en éste mundo fuese realmente imposible, y fue en ese instante, mediante complejos cálculos matemáticos, cuando concedió a ambos una gracia, los armó de movimiento, permitiéndoles hasta la fecha lo que se conoce como el Eclipse. Sol y Luna viven esperando esos momentos que les fueron concedidos y que tanto cuestan que sucedan.

En ese acto de amor llamado Eclipse, el Sol cubre a la Luna o viceversa, echándose uno encima del otro, amándose y liberando tal brillo, que se aconseja no mirar en ese momento al cielo pues tus ojos pueden verse cegados al ser liberado tanto amor.

En fin, ya sabéis la bella historia de amor del solitario Sol y de la triste Luna, y sólo recordaros que tarde o temprano puede ser también la vuestra, pues los hilos del destino sólo son manejados por el creador, y como bien dijo el profeta, “Los caminos del Señor son…”

Pd: 16 de agosto de 2008. Eclipse de Luna en el signo de Acuario.