jueves, 30 de octubre de 2008

QUE SE APAGUE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS

Espero que no sean supersticiosos, y a los que lo sean les recomiendo en éste mismo instante que dejen de leer.

Resulta que como se aproxima la importada fiesta de Halloween a nuestro calendario, y que como a mi eso de la importación de fiestas extranjeras no me sienta muy bien y que la corriente histórica que me motiva no es la anglosajona si no la latina, el gregoriano con su santoral en toda regla, me indica que nos aproximamos a las fechas de el día de los difuntos y el de todos los santos.

Paseando por el centro, y al ver las floristerías en plena ebullición de encargos para la citada fecha, me ha dado por pensar algo que desde la más remota antigüedad ha sido motivo de preocupación por parte de todos los humanos:

¿Cómo será el día de mi muerte?

Espero, como todos los que aún continúan leyendo, que me abrace dormido, sin darme cuenta. Es algo obvio ¿No creen? Nadie está exento de dicho pensamiento, a nadie le motiva, creo yo, que esa pérdida de 21 gramos de peso y el cumplimiento de los distintos requisitos a los que hace referencia la doctrina jurídica en relación al artículo 32 del Código Civil que da lugar al cambio de estado sea de forma dolorosa.

No voy a entrar en el peliagudo tema de que se oculta detrás de ese momento, que si un túnel, que si el paraíso, que si el juicio final etc… (Para gustos los colores). No, sobre eso me da aún más miedo pensar que sobre la muerte en sí, ya os lo contaré si puedo y en su momento, si es que vuelvo y me acuerdo, que ese es otro tema.

Lo que me preocupa es como discurrirá el día. Supongo que mis allegados se irán dando la noticia unos a otros, afectando a unos más que a otros y sin saber que decirse entre ellos, es por ello que os pido que evitéis, llegado el momento de usar frases banales para rellenar la conversación a la que da lugar con la comunicación de la noticia, frases como “se veía venir”, “le llegó su hora”, “se lo llevó con Él” y el sin fin de formalismos lingüístico-parlantes que todos tenemos preparados para dichos eventos (por cierto, alguien debería sacar una lista a fin de tener una variedad para ser usados).

Tampoco quiero plantos ni plañideras, es ley universal, de pronto estás y al rato ya no estás, es sólo eso, así que nada de lágrimas, ni tan siquiera de impotencia, a todo cerdo le llega su San Martín, y yo no iba a ser menos (y no es que me considere un cerdo, pero es que no he encontrado otro símil mejor, que le voy a hacer, algunos lo expresarán así y yo ya en ese momento poca defensa podré plantar).

Tampoco quiero flores ni coronas con frases, pienso que las flores son para las mujeres guapas y los pasos de Semana Santa y eso de que “Tus ………… No Te Olvidan” ya lo se que será así, absteneros por favor, si no voy a poder leerlo, y además, pretendo ser incinerado, no hagáis que me quemen con ataúd, flores y demás, que sea una cosa rápida (por cierto, que alguien iguale a los que se dispongan a portar el féretro y organice los relevos. Que me lleven sobre los pies, nada de cambios, que bastantes empujones y embestidas del destino sufrí ya en vida).

Lo que más me preocupa, y no se muy bien la razón, es mi epitafio, quizás por la creencia romántica que encierra el concepto. Cada cual me recordará conforme a las vivencias que compartimos, pero el epitafio quedará grabado en piedra. Para todos. Para siempre.
Por ello quizás sea lo que más me preocupe. Debería ser algo que ensalzara mis buenas virtudes y camuflara mis muchos defectos, empresa nada fácil, es por lo que considero que debería ser algo corto y bonito, al estilo del que le hizo Mika Waltari con Sinuhé, con solemnidad y un toque de humor. Es por lo que apelo a vosotros para que me ayudéis a realizarlo en los comentarios, a fin de tenerlo todo preparado para cuando llegue el momento.

Mientras tanto, y para no asustaros usaré el que hasta hoy creo que será el mejor:

“Que El Infierno Me Espere Largos Años, Y La Muerte Me Perdone Por Mi Ausencia”
“Hoy Fuimos Jóvenes, Mañana Habremos Sido”
“Mis Crímenes No Me Quitan El Sueño”
“Que Me Tengan Los Banqueros En Sus Cuentas, Y Me Odien Los Maridos Traicionados”.
“Que Se Apague La Luz De Las Estrellas”


Pd: De mi escasa herencia y sus legados hablaré otro día, que es que hoy no he encontrado ningún notario, aunque lo podría hacer cerrado y ológrafo, pero es que hoy no tengo ganas.

martes, 21 de octubre de 2008

ACCIONES BÉLICAS

No me considero un héroe, para eso están otros a los que les gusta colgar medallas en sus remangados pantalones y que enseñan gemelos a modo de trofeos.

Ésta es una historia de grupo, que sólo entenderán unos pocos, pero que merece ser contada para no quedar tan sólo en la memoria de los que la vivieron, y no digo en la retina porque en esa situación poco importa el sentido visual.

Corría el año 1997, y en la campaña bélica nuestros generales no habían previsto bien ni el aprovisionamiento de las tropas ni el refresco de las mismas, creo que debido a la situación transitoria de poder existente en el estado. Tropas mal entrenadas y con pocos veteranos, eso sí, todos contentos de ir a la lucha ese jueves primaveral. Uniformados de negro y blanco como pocas veces, con el fajín de gala y los cascos que empezaban a ser de colores, excepto el de los veteranos anónimos que tan sólo lo lucían de blanco o negro.

La batalla empezó a fraguarse tácticamente a las 12:30 hora zulú. En la cantina y con el uniforme de paseo nos deseábamos suerte como es tradición para más tarde despedirnos de la familia y ponernos el traje de campaña. A las 16:30 horas nos fue entregada la misión, una pequeña porción de papel plastificada para evitar que con la sudoración del fragor de la lucha se deteriorase impidiendo la visión del objetivo marcado.

Y comenzaron las hostilidades, al principio, y como en todas las contiendas la tropa las acogió con alegría, bromeábamos bajo el fuego enemigo con los comentarios y acciones del Sr. Leroy Johnson, Cabo 1º de nuestro batallón. Entre risas avanzábamos bien hasta el objetivo.

Los problemas empezaron en la senda de la serpiente, donde el enemigo bombardeó ambos flancos de nuestra formación, y continuaron castigándonos por toda la explanada mesetaria de San Francisco, lugar en el que fuimos relevados en la avanzadilla de reconocimiento por tropas de refresco. Conociendo la potencia del enemigo nos echamos las manos a la cabeza al ver la inexperiencia de las tropas que nos relevaron, y la actitud soberbia de sus componentes. Que atrevida llega a ser la ignorancia. Me quité el casco y deseé suerte a uno de los pocos soldados de primer año que me caía bien, el soldado Morrillo. El avituallamiento duró poco, conscientes de que estaríamos en el frente en breve comimos y bebimos poco. Nuestra próxima incorporación a la batalla era en el vértice de la tundra canónica y hacía allí nos dirigimos, El Sr. Leroy, los Sargentos Sutherland y Clooney y como no, yo con ellos.

Al llegar al punto X el deterioro de las tropas era aterrador, bajas por inexperiencia causadas en el bosque columnario que debido a su planicie había sido plagado de minas.
Así debió de ser el panorama escuchado por los presentes cuando comenzaron a sufrir:

Allí se decidiría la contienda, en la ascensión al cerro del Cod, también conocido como Salty Fish. La única forma de subir era por una estrecha senda. Empezamos la ascensión a ritmo lento, aguantando el continuo bombardeo que sufríamos, a los pocos metros mi referencia delantera fue herida, el Sr. Leroy se encargó de mantener en esa línea al enemigo a raya, por detrás nos defendíamos como podíamos, conscientes de que un corte en la formación nos llevaría a la derrota, detrás mía, el Sargento Sutherland se hacía con el flanco derecho y en el izquierdo el Sargento Clooney y sus hombres hacían lo propio. Avanzábamos ahora de forma renovada, con vigor, incluso luciéndonos. Fue entonces cuando me percaté que a mi lado avanzaba el soldado Morrillo, lo vi temblar y reírse al mismo tiempo, 20 metros para llegar al objetivo, más temblaba, 10 metros seguía temblando pero avanzaba con nosotros. Nos arengábamos, nos dábamos ánimos, llegamos arriba, y ahora lo más difícil, conseguir hacer que el enemigo girase en torno a nuestro flanco izquierdo sin que se descompusiera el ataque, y Morrillo seguía temblando y riendo. No quise hablarle, supongo que la risa en momentos de nervios es una reacción incontrolable, hasta que al fin lo conseguimos, plantamos la bandera en la cima del cerro entre vítores y aplausos. Tras conquistar el cerro todos sabíamos que el resto de la jornada sería tan sólo avanzar hasta llegar al campamento, sin hostilidades supremas. Morrillo y yo nos abrazamos, como todos los que compartimos aquellos malos momentos, que ya hoy en el recuerdo son buenos. En ese momento no pude más que preguntarle la razón de su sonrisa mientras avanzábamos, y su respuesta fue algo parecido a esto:

http://es.youtube.com/watch?v=rAh9UxHkPnE&feature=related

Desde entonces siempre viene con nosotros y, aunque también tiene escaramuzas en las que no podemos ayudarnos cierto es que fue allí donde aprendió que determinadas cosas hay que tomarlas con calma, aceptando el sufrimiento sin desfallecer, ya que con el trabajo en equipo de personas que comparten esta filosofía de lucha es muy difícil perder una contienda.

Pd: A mi Amigo Nefer.

martes, 30 de septiembre de 2008

ELLA Y EL OSCURO PASAJERO.

La conocí siendo aún muy joven, aunque no le presté atención hasta más tarde. Jugueteé con ella en un principio y después sucumbí a sus encantos, no pudiéndome resistir a ninguno de ellos.

Sabía que me hacía daño, mucho daño, pero continué siempre con nuestra nociva relación, hasta que un día me planté y conseguí abandonarla.

Fui feliz durante un tiempo, pero añoraba el tiempo pasado junto a ella, cada minuto, cada segundo. Era en esas ocasiones cuando aparecía mi otro yo, el que tiene necesidades inconfesables. Él tiene esa necesidad, y yo lo sufro dentro de mi, como miles de voces escondidas susurrándote “así es la vida”. Y luchas contra la presión, una creciente necesidad que te engulle como una ola, pinchando, provocando y obligándote a alimentarla. Pero los susurros aumentan hasta convertirse en gritos, y son la única voz que oyes. La única voz que quieres oír. Y estás a merced de ella, de esa sombra de ti mismo, de ese…oscuro otro yo que te empuja a ella. El oscuro pasajero.

Me llamo J.A.S. y no estoy seguro de lo que soy cuando estoy sin ella. Se que hay algo…oscuro dentro de mi, y lo escondo. Nunca hablo de ello, pero está ahí, siempre. Es un oscuro pasajero que me empuja a ella, y cuando él toma el control me siento vivo. Harto de la emoción del que hace algo que no está bien, y no me opongo, no quiero hacerlo. Es lo único que tengo. Nada más podría amarme, ni si quiera…ni si quiera yo mismo.

¿O es sólo una mentira que me cuenta el personaje oscuro? Porque últimamente hay momentos en los que siento…conexión con algo más, con alguien, como si la máscara se esfumase, y las cosas, y las personas que nunca me habían importado empezaran a importarme cuando estoy sin ella y sin mi pasajero.

Todo esto me da mucho miedo.

Me molesta la gente que dice que en ningún caso lograría entender lo que ellas han vivido, pero ningún ser vivo podría soportar mi verdad. Ella siempre sospechó que escondía algo, ahora lo sabe. Sabe que quiero abandonarla para siempre.

Creo que mi diablo ha bailado con su demonio y la canción del violinista está lejos de acabar, pero en algún momento ha de empezar a apagarse. A veces me imagino que ocurriría si destapara todo lo que tengo dentro y la rechazo, espero saberlo, mientras tanto vivo escondiéndome cuando estoy con ella. Mi supervivencia depende de ello.

Si los ojos son el espejo desalma, el dolor debe ser la puerta hacía ella, y mientras esté cerrada es la barrera entre el saber y el no saber. Si te alejas de ella seguirá cerrada para siempre, y si la abres y la atraviesas el dolor se volverá una realidad.

Y ahora he de luchar por mi propia supervivencia y abandonarla, algo que siempre supe que llegaría. Llevo toda la vida preparándome para esto. Cuando todo se acabe espero haberla olvidado para siempre.

Pd: Tranquilizaos, estoy hablando de mi adicción a la nicotina. ¿Verdad que pensabais que me había vuelto un Psicópata?

viernes, 19 de septiembre de 2008

ADIÓS CANIJA ADIÓS.

No recuerdo el momento exacto en el que nos hicimos amigos. Al principio sólo fuimos compañeros de trabajo, pero supongo que fue el destino el que nos unió a forjar una amistad que se nutre de esos pequeños detalles cotidianos a los que no prestamos ninguna importancia, hasta hoy que se que la tendré lejos un largo periodo de tiempo.

Supongo que fue la educación, sí, eso fue seguro, la educación, lo que empezó a unirnos, el usar el “por favor”, el “te importa si…” y el sin fin de modismos que una persona educada emplea con otra a la que reconoce su igual. Sí, sin duda, en el mundo en el que nos movemos ambos esas cosas importan, y seguro que fue eso lo primero que me llamó la atención de ella y lo que la hizo merecedora de que formara parte de mi selecto grupo de personas a tener en cuenta.

Más tarde, al avanzar el tiempo y debido a nuestra sed económica y a la irracionalidad de nuestros turnos laborales, empezamos a pasar demasiadas horas juntos, y así fue como nos contamos nuestros avatares y periplos de los años de nuestra existencia, a la par que a descubrir nuestras personalidades. Yo no puedo decir lo que ella opina de mi, aunque denoto que el cariño es recíproco debido a sus continuas demostraciones cotidianas, a esos detalles de los que hablaba antes, pero si puedo decir lo que percibo de ella.

No es rubia, aunque nadie se atrevería a decir lo contrario, y quien lo diga que lo demuestre, y entre sus virtudes no están ni la paciencia ni la contención, lo que siente lo dice, y aunque a veces su prudencia se lo impide, casi siempre dice lo que piensa y en el momento en que lo piensa, circunstancia que le hace por otra parte, estar metida en todos los fregados. Pero yo la quiero así, vivaz, despierta, alerta siempre.

Fiel amiga de sus amigos, y aunque no es fácil ostentar verdaderamente dicho título, aquel que lo posee se sabe ciertamente propietario de un valor ilimitado, que lo dota de fuerza y coraje para saberse siempre respaldado de una defensa sin límite. Sí, porque a ella le gusta defender a sus amigos, y aunque inconscientemente sepa que se está metiendo en un nuevo fregado, siempre sabe que por sus amigos merece la pena meterse y mantener un nuevo frente abierto.

Divertida, inteligente, letal cuando se trata de reñir sobre todo a los que estamos más cerca de ella, valiente en sus decisiones aunque en ésta de marcharse temporalmente de su ciudad esté demostrando un poquito de pánico, previsora hasta lo impredecible. Guapa, fotogenicamente perfecta aunque no sepa poner morritos, ella es Reyes. La Canija.

Yo, por mi parte me siento colmado con la amistad que me da y que me demuestra, por esas uñas sacadas al más mínimo comentario en mi contra, por esos cafés e incontables helados compartidos a horas inimaginables y por ese sin fin de pequeños detalles que la hacen única, irrepetible, irrenunciable.

Huelga decirle que tenga cuidado en su nuevo destino, que mantenga el contacto, que lo hará, que no nos olvide, que no lo hará y que disfrute, porque para eso están los lapsos temporales que Dios concede a la rutina de la vida, para disfrutar y hacernos disfrutar al resto cuando nos relate sus nuevas aventuras.

Adiós mi otra rubia, mi amiga, mi defensora, mi otra hermana pequeña, mi canija.



viernes, 12 de septiembre de 2008

LA MUJER QUE YO SUEÑO.

La mujer que yo sueño nació en las praderas rojas del mar de mis destierros. Vivió encerrada en su olvido, feliz como todos y sin ser consciente en su infancia, de cómo las gastaba éste sucio mundo. Y en su ignorancia crecía, jugando con sus hermanos y primos, con sus muñecas y su elástico.

La mujer que yo sueño fue dejando atrás su infancia, y se fue dando cuenta que sus padres no se amaban igual todos los días, pero que al fin y al cabo se amaban.

La mujer que yo sueño se enamoró de un muchacho de su pandilla, del que aún guarda buenos recuerdos. Creyó que ese era el amor de su vida, hasta que la misma vida rompió los ideales sueños de la adolescencia y los fue transformando en rutina.

La mujer que yo sueño probó el elixir del carmín en sus labios, descubrió los secretos de la imagen y la imbecilidad de los hombres al descubrirla, y se hizo fuerte en su posición de reina. Jugueteó con unos y otros, ganó y perdió en amores, pero aprendió de todos, creando con ello la primera criba, la primera lista de prioridades mientras seguía añorando infantiles épocas de muñecas y elásticos.

La mujer que yo sueño se creyó dueña de su destino, sin saber que es el destino el amo y señor de todos los sueños, y cayó, y resucitó cual mitológico Fenix, aliándose con Las Parcas para no volver en los errores de antaño.

La mujer que yo sueño aprendió a dar amor, y a recibirlo sin exigir nada a cambio, empezó a ser la persona que ella soñaba, empezó a conseguir sus objetivos, y aunque de vez en cuando pide ayuda para su alma, se sabe tan fuerte que considera que ya nada la hará flaquear, pues su coraza de los bagajes le impide volver a cometer errores pasados.

La mujer que yo sueño me permitió que la amase, y yo, mongolo de la vida o del destino no quise o no supe dar todo lo que debiera. En ese momento, en el de amarla, dejó de ser la mujer de mis sueños para convertirse en la mujer del presente, más al desaparecer posteriormente se convirtió en la mujer añorada.

La mujer de mis sueños ya no existe físicamente, es el cúmulo de todas las buenas cualidades de las mujeres de mi vida, y realmente no quiero que exista, pero la añoro tanto…


lunes, 1 de septiembre de 2008

INTENTARÉ...

Dios mío!! Tres de Septiembre ya!!

El verano toca a su fin, la gente ha vuelto de sus vacaciones, algunos más pelados de lo que se fueron y a otros nos ha tocado quedarnos aquí y seguimos igual de pelados.

Ésta fecha, de pequeño, es en realidad la que marca el inicio del año, o de ciclo, como lo prefiráis. Se llegaba morenito de la playa o de las piscinas, se preparaban los exámenes de septiembre, se volvían a ver a los amigos de los que nos separamos al marchar de vacaciones, entendiendo tales como un ideal, como un pequeño paréntesis que en su intervalo nos dejó tantos sueños e ilusiones que jamás se materializaban, y que desaparecían mucho antes de llegar el día quince.

Nos contábamos las aventuras que habíamos tenido en tal o en cual sitio. Añorábamos situaciones por primera vez, y sufríamos por esa añoranza de forma pasajera.

Al pasar los años aún me queda un poco de aquella sensación, de cambio de ciclo, pues es en éstas fechas, al igual que en año nuevo, cuando me marco los buenos propósitos a cumplir en el año. Es por ello que ésta entrada pretende contener una declaración de intenciones, que de seguro para el día quince de octubre ya se me habrán olvidado, pero que al ser plasmadas por escrito, quizás logren persuadir a mi conciencia, bastante permisiva con todos y en especial conmigo mismo, de mantenerlas y cumplirlas.

No me exijo grandes metas, he fracasado tantas veces en tantas cosas, que se positivamente que en la vida es mejor afianzar tus pasos y posiciones que subir y esperar el batacazo posterior, constantes máximas en mi devenir diario, por ello, en principio, intentaré mantenerme en mis múltiples obligaciones sin pensar que de alguna de ellas me causará el temible hastío que desemboca en la pereza, y si puedo, y veo la ocasión, mejorar en algunas, tales como el tacto a la hora de hablarle a las personas que me rodean, pagar mis mosqueos y mis ataques de ira sólo conmigo y no agobiar a nadie con ellos o demostrar mi afecto, el verdadero, a las personas que debo demostrárselo.

Intentaré también ser justo en mis decisiones, dar a cada uno lo suyo, siendo menos egoísta a la hora de adoptarlas y pensando siempre en el perjuicio que pueda llegar a causarle a los demás. Denunciaré las injusticias que vea a mi alrededor, poniendo especial inca píe en la protección de los débiles.

Intentaré perdonar a aquellos que me hicieron daño o que intentaron causármelo, voluntaria o imprudentemente, atendiendo a las agravantes y a las atenuantes que dimanen de cada caso. Tarea ésta harto difícil no sólo para mí, creo que en general para todo el mundo, pero supongo que el tiempo y la buena voluntad todo lo curan. Bueno, todo no, pero casi. Confiaré en que la fe obre milagros, pues otra no me queda.

Intentaré que no me ciegue la codicia. No es más rico el que más tiene, lo es el que menos necesita y el que más amigos tiene, pero de los de verdad, ya que si de tan sólo uno de ellos se deriva un tesoro, ¿Que no se derivará de unos cuantos de los buenos?

Intentaré ser más feliz y no dejar que esa responsabilidad recaiga sobre otros. A su vez, intentaré hacer más feliz a los demás. Si es cierto que quien siembra viento recoge tempestades intentaré plantar semillas de ambrosía y néctar y repartirlas cuando crezcan y maduren entre mis semejantes sin esperar nada a cambio.

Intentaré hacer tantas cosas que algunas se me van a quedar en el tintero, pero que creo que puedo resumirlas en la premisa de "ser buena persona", entendiendo como tal la definición que da el profesor Paul Kurtz, que desglosa el enfoque en dos grandes grupos, denominado al primero como el de "Las Decencias Morales", que englobarían la integridad personal, el ser digno de confianza, la buena voluntad y el sentido de la justicia, y que forman la base de la convivencia en las sociedades; y el de las "Excelencias Éticas", el segundo grupo, que vienen a conformar una vida plena y rica para el sujeto, y que estaría compuesto por la autonomía, la inteligencia, la autodisciplina, el autorrespeto, la creatividad, la alta motivación, la actitud afirmativa, la alegría de vivir y la buena salud(entendida como hacer una vida sana en su justa medida).

Pues lo dicho, espero que algunos os suméis a la iniciativa, aunque sólo nos dure hasta el quince de octubre, y que entre todos creemos un mundo mejor aunque sólo sea por ese breve espacio de mes y medio mal contado.

Pd: Intentaré pedir más veces "perdón" cuando sea necesario, y que no me cueste tanto decir "Te Quiero"

lunes, 25 de agosto de 2008

VIAJE A LA NOSTALGIA.

He tardado un poco en volver a crear una nueva entrada, lo se, y por ello pido disculpas a mis habituales lectores. Las razones son varias. Una es la pereza que produce sentarse en la época estival ante las teclas del ordenador, otra los numerosos compromisos sociales que me impiden tener un rato de paz para poder ordenar mis ideas y darles la forma adecuada de una entrada digna, por todo ello pido perdón a los que demandan algo más de su lectura habitual y les doy las gracias a su vez por seguir mis pequeñas historias.

El caso es que entre muchos de los compromisos a los que he tenido que acudir en ésta pasada semana, hubo uno que me gratificó enormemente. Tuve que marchar a la sierra norte de Sevilla, al pueblo de mi padre, La Puebla de Los Infantes. Muchos no sabrán donde se encuentra, y poco importa para lo que os quiero contar, añadir que no es más que un municipio de sierra, como tantos otros de la provincia, con su particular encanto de conservar aún tradiciones milenarias como la recogida de la siembra o el vareo de los olivos. Poco llama la atención al forastero, como dicen allí a los que no habitan en el municipio desde hace más de dos generaciones, pues como yo, son muchos los que acuden sólo a la feria del 15 de Agosto, cuando procesiona la Virgen de Las Huertas, que como toda imagen mariana de pueblo tiene una bonita leyenda ideada probablemente por el párroco de turno para atraer feligreses.

En definitiva, la población en esos días aumenta considerablemente, pasando de los 1200 habitantes censados a los 5000 familiares que vamos a visitar a nuestros parientes, creando pues una microciudad cosmopolita, enriquecida por todos los que regresan periódicamente tras el gran éxodo migratorio de los años sesenta. Es enriquecedor encontrar a viejos amigos con los que acostumbraba a pasar los tres meses de verano y saber de sus vidas, volver a ver a la familia, a la que escasamente ves tres veces al año, pero que seguimos conservando ese sentido de clan alrededor de la indivisa propiedad que dejaron en herencia mis bisabuelos.

Dentro de esa propiedad, cada estirpe del clan tenemos un espacio del que se encargan las mujeres de la casa, no es que yo sea machista ni nada por el estilo, es que las costumbres no se cambian de la noche al día y la sociedad rural se mantiene atada al sistema matriarcal que crearon nuestros ancestros. Pues bien, dentro de este espacio, sin fronteras familiares acotadas, todo sea dicho de paso, tengo mi pequeño cuarto, y digo cuarto ya que no lo considero mi habitación, pero sí llegué a considerarla así antaño, en el pasado, en el momento de vivir aquello de las primeras cervecitas a escondidas, los primeros cigarrillos, las multitudinarias pandillas compuestas por infinidad de miembros de distintas provincias, incluso de distintas nacionalidades, los primeros amores (no los grandes, que eso los tengo reservados en otra parcela de mi vida y para mi particular niña de los ojos verdes), pero sí los primeros, que al ser tales conservan esa idea de frescura e inocencia propias de la edad. Mis deberes de matemáticas, que siempre fueron para mi asignatura pendiente del verano y que tras aprender las cuatro reglar básicas se convirtieron más tarde en una de mis asignaturas favoritas, los de química, que nunca llegué a aprender del todo, y todo ello a la hora de la siesta, y todo ello en mi cuarto, en el que entra la luz desde la ancestral persiana de madera con polea circular accionada por una cuerda.

Quedaba allí, aún, mi primer radio cassette, y ese día, ya sin deberes y con la mera intención de dormir la siesta accioné el botón de encendido. Como un misterio escondido que se encontrara esperándome empezó a sonar una canción que me dejó extasiado, comienza así, y como sigo siendo torpe en labores informáticas os dejo el enlace para que disfrutéis de ella, seguro que todos tenéis un lugar así.
" Donde nos llevó la imaginación... ".